El Valor del tiempo
junio 2, 2017

¿Paga ser honesto?

Corren tiempos difíciles, de mucha velocidad en la tecnología que acelera la necesidad de tomar decisiones, de mucha competencia que nos enerva los sentidos y nos presiona, de mucha confusión porque en muchos sentidos lo que antes era bueno, ahora es malo o fuera de moda y lo que antes era impensable hoy se toma espacios en lo político, la moda, la publicidad, la familia, la forma en que se conciben hasta los proyectos de vida. La prudencia y el decoro no siempre son la punta de lanza y hasta se debate abiertamente sobre comisiones y favores en los espacios de nuestros parlamentos.

Es el gran peligro que se corre cuando nos dejamos corromper la primera vez porque, esa gota que comienza a caer va minando nuestra consciencia al punto de cauterizarla y hacerla inmune al temor a las consecuencias, al daño que hacemos o al bien que dejamos de hacer.

Los principios no cambian según las modas o la historia, porque su significado es único, es inamovible, independiente del tiempo y el espacio. Por eso a lo largo de la historia de la humanidad encontramos personas que han pagado por corrupción, sus gobiernos han caído por mentirosos, sus crímenes de lesa humanidad han sido castigados aún cuando han pasado largos años porque ellos no prescriben. Por eso pasan a la historia como ignominiosos, vergonzosos capítulos que el hombre lleno de oscuridad ha escrito con su proceder.

Los que hacemos negocios en nuestros países latinoamericanos, tan propensos a la distensión de las normas, al pago de comisiones, tenemos una enorme responsabilidad y es la de escribir la historia de hombres y mujeres diferentes.

La consecuencia de mantener los principios en los negocios no siempre redunda en un éxito económico floreciente, rápido y desprovisto de inconvenientes. Al contrario exige paciencia, mucho esfuerzo, preparación constante, fe y convicción.

La razón por la que vale la pena ese esfuerzo es porque el dinero por sí solo, sin crecimiento interior, sin amigos, sin disfrute, satisface un tiempo muy limitado, nos degrada como personas y le pone límites a los proyectos.

La inteligencia, el despliegue de creatividad, el progreso continuado, la vejez acompañada, el disfrute de viajes con conocimiento de historia, degustar comidas exquisitas habiendo educado el paladar, ver a los hijos crecer en ambientes sanos, tener la satisfacción de ayudar a otros… son logros enormes que solo detentan los grandes hombres.

Aunque el dinero paga muchas cosas y lujos, definitivamente no lo paga todo. Ni todo lo que se paga con dinero nos hace felices. Ser sencillo no es igual a ser simple, ser prudente no es igual a ser tonto, ser gente en todo el sentido de la palabra, no es lo mismo que aparentarlo.

Apostemos por la decencia, por la inteligencia, por el progreso que se gana a fuerza de trabajo diario, por la familia y hagamos la diferencia.

Hasta el próximo post. Apreciaría mucho tus comentarios.

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