¿Simples o sencillos?

Emprendimiento aterrizado!
septiembre 29, 2017

¿Simples o sencillos?

Para todos los que trabajamos, hacemos negocios, recibimos dinero por lo que hacemos, tenemos responsabilidades y nos regodeamos en nuestros esfuerzos, el hábito de medir los resultados en cantidades de dinero ganado es una tentación grande y por demás injusta.

Indudablemente el fín principal de hacer negocios es obtener buenas ganancias monetarias pero, así como nosotros no somos solo personas de negocios, sino también padres de familia, amigos, hermanos, pareja, o miembros de iglesia, así mismo, los negocios no son solo dinero.

¿Y por qué es importante fijarnos en este detalle? Por el efecto que causa en nuestra vida de negocios.

¿Cómo somos? ¿Simples o sencillos?

La diferencia está en la sensibilidad que tengamos para discernir entre ser simples y ser sencillos. Ser simple es sinónimo de ser insípido, sin contenido quizás. Pero ser sencillo se refiere a otra cosa. Se refiere a una posición de entre varias opciones que elegimos de forma específica y que implica una posición personal ante la vida.

Los simples resumen los negocios en dinero solamente, porque su visión es restringida, su sensibilidad limitada. Los sencillos calibran además de la retribución monetaria en los negocios, otros logros también vitales para el avance de nuestras empresas. Aunque en ciertos momentos no den el resultado económico inmediato, se sabe que todo lo que se hace con consciencia, trabajo y buena voluntad al final obra para bien.

Pensamos o morimos

Aquí vamos a disertar sobre este asunto que considero interesante, por curioso. Ninguno de los personajes mencionados en el post anterior, a saber, Thomas Alva Edison, Steve Job o Jesucristo, podemos decir que eran simples, pero sin duda alguna sí eran sencillos.

El primero de ellos trabajó intensamente en infinidad de inventos y patentes registradas, creía firmemente que el trabajo diario y minucioso finalmente le daría resultados. Y así fue. Eso es una perspectiva sencilla: trabajo diario, objetivo claro, perseverancia, resultados.

Steve Job, fue un obsesivo por los detalles, porque confiaba ciegamente en que si ponía su esfuerzo y creatividad incluso en los detalles que no estaban a la vista, su éxito era seguro. Constancia, visión futurista, persistencia, resultados. Apple lo demostró.

Jesucristo se mostró como un hombre poco agraciado físicamente, desprovisto de riquezas terrenales, pero inmenso en amor, gracia y perdón para la raza humana al punto de dar su vida por cada uno de nosotros y conseguir la victoria sobre la maldad. Claridad, disposición, entrega, sacrificio. Un regalo de amor infinito que se esparce hoy por la humanidad.

Los tres personajes fueron hombres de negocios, los dos primeros compraron y vendieron sus inventos, el tercero compró con su sangre nuestra salvación. Tres legados que aún hoy disfrutamos y admiramos. Pero ninguno de los tres se mostró interesado en el dinero per se. Todos enfocaron sus esfuerzos a exponenciar sus fortalezas, acallar sus debilidades y sus miedos con trabajo y fe, para tener éxito en el mundo que les tocó vivir.

Las comparaciones siempre son odiosas y en el caso que nos ocupa además no todas son justas, pero sí pertinentes, para comprender el ancho y la profundidad que debe tener nuestro compromiso con lo que hacemos.

Seamos honestos, si no es al dinero, en los negocios, ¿a qué le damos reconocimiento?

-Cuántas veces medimos y valoramos intencionalmente los esfuerzos hechos en crear nuevos productos, los logros obtenidos en capacitaciones, la lista de ideas estudiadas y descartadas y que por ende nos acercan a lo que realmente queremos.

-Cuántas veces  celebramos los logros por pequeños que sean, tales como, el encuentro con métodos que nos funcionan, gente que nos transmite confianza y tranquilidad y en la que podemos delegar mientras pasamos a la siguiente fase.

-Cuántas veces agradecemos meses de ventas bajas que nos permitieron revisar procesos, mejorar la forma de conseguir clientes, crear productos y con la excusa de la crisis sobreponernos a la parálisis que causa el miedo y remontar la cuesta a punta de trabajo duro, creatividad, disciplina y fe.

-Cuántas veces agradecemos el tiempo libre para leer un libro que nos completa, nos da ideas, nos nutre; una tarde en un museo que nos alimente la creatividad, o en un café leyendo temas de negocios que nos aporten conocimientos. O con algún amigo que nos haga sentir que no estamos solos en ese empeño por ser mejores y alcanzar los sueños.

¿Cómo hacemos eso?

El reconocimiento se puede hacer de muchas formas. Y es importante darles un espacio. Un empleado bien remunerado por su buena gestión es agradecido, también cuando le regalamos una sonrisa, palabras de elogio, cuando le dedicamos unos minutos para saludar o para escuchar alguna propuesta.

Cuando hacemos una reunión de trabajo para hacer un recuento de los esfuerzos hechos, y compartir un informe de los resultados, no solo en porcentaje por aumento de ventas, también por aumento de contactos con clientes; aún cuando no se hayan tenido los resultados esperados, porque hoy se siembra y mañana se cosecha. Cuando animamos a nuestro equipo a que siga adelante expresando nuestra confianza en ellos.

Hacernos el hábito de agradecer cada día no solo por lo bueno que nos llega, las ventas concretadas, sino también por nuestros planes en camino como si ya los estuviéramos disfrutando.

Disfrutar de los momentos de “ocio” porque no estamos llenos de trabajo y hacerlos productivos con una buena lectura, y una reunión entre pares, una escapada a la montaña o a la playa nos libera del stress, recarga las fuerzas y repotencia la creatividad.

En las empresas los resultados económicos se miden anualmente con los balances y estados de ganancias y pérdidas, mensualmente con una relación de gastos y ventas.

Si esos hombres, antes mencionados,  en sus momentos de soledad e incertidumbre, hubiesen medido solo en dinero sus esfuerzos, el fracaso hubiese sido rotundo. Hoy por hoy, ni la electricidad, ni el mundo digital, ni la salvación del ser humano, perdido por su maldad, estarían a nuestro alcance.

Tú y yo tenemos un mundo por conquistar, miedos que vencer, tentaciones por superar: la abulia, la desesperanza, la incertidumbre, entre muchos otros. Fijémos nuestra vista en los ejemplos que nos seducen, estudiemos sobre ellos y disfrutemos el camino hasta llegar a la cima.

Hasta el próximo compartir. Éxito! Haz que tu vida valga el esfuerzo: para ti, para tu familia, para el mundo,  porque lo queramos o no, somos influencia…

PD. Siempre esperamos tus comentarios…

 

 

 

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